Nos hemos de ocupar al hablar de las ferias, en primer lugar de sus orígenes, estas datan tradicionalmente de principios del s. XV
Se tiene a Fernando de Antequera como el fundador de dichas ferias en torno a 1404, en un principio tenían carácter señorial, lo mismo que las establecidas en Medina de Rioseco o Villalón. Algunos dicen que el modelo ferial adoptado fue el creado en la Villa de Cuellar en 1390, por el mismo Don Fernando.
El 12 de Abril de 1421, se dictan las primeras Ordenanzas del asentamiento de los feriantes, dictadas por la esposa de D. Fernando, doña Leonor de Alburquerque, siendo en aquel entonces Señora de Medina. Gracias a ellas sabemos dónde se instalaban cada uno de los feriantes con sus mercancías durante el s XV.
- En la Plaza Mayor: Silleros y freneros, joyeros, especieros, armeros, calceteros y jubeteros, buhoneros y barberos.
- Calle Padilla: Cambios y paños mayores.
- Calle Gamazo, antigua calles de Salamanca: Los comerciantes de sebo, aceite, pez esparto y cera.
- Plaza del Pan y alrededores: Peleteros y paños menores.
- Calle Bernal Díaz del Castillo: Los plateros.
- Calle Claudio Moyano: Herreros y caldereros.
- Calle Valladolid: Zapateros, comerciantes de cuero y cordobanes.
- Zona de la Mota: Albarderos.
- Calle Maldonado: Lenceros y sederos.
Así quedaba configurado en el plano de situación la ocupación de los comerciantes.
Estas ferias cuentan con el constante favor Real desde su fundación, tanto en época de Enrique IV, como Juan II de Castilla, así como en época de los Reyes Católicos, siendo en 1491, cuando tienen consideración de ferias generales del Reino.
Además del favor Real, influyó la buena situación de Medina como encrucijada de caminos (sobre todo el eje Toledo-Burgos) que unía rutas castellanas como Valladolid, Zamora, Salamanca, Segovia y Ávila.
Estas ferias tenían dos convocatorias, en Mayo y en Octubre durando cada una de ellas 50 días aproximadamente.
En un principio eran mercados francos de transacción de productos pero con el tiempo se convirtieron en ferias eminentemente financieras. Por tanto, se pasó del protagonismo en manos de feriantes y mercaderes a manos de cambistas y banqueros.
No era raro encontrar entre mercaderes burgaleses, sevillanos, o catalanes a agentes de negocios (banqueros y cambistas), de Amberes, Lyon, Génova, Florencia o Lisboa; estos agentes de negocios endosan créditos, envían cartas de aviso, contratan grandes partidas, ordenan pagos y fundamentalmente giran letras de cambios.
En cuanto a las letras de cambio, es en esta época, en el s. XVI, dónde cristalizan y adquieren su forma de funcionamiento definitiva (la extendida creencia de que la invención de la letra de cambio fue en Medina del Campo, no es cierto ya que era habitual en reuniones comerciales muy anteriores, como el caso de Italia). En el Museo de las Ferias tenemos los rollos del monumento dedicado a la letra de cambio.
A partir de la 2ª mitad del S. XVI, hubo crisis económicas, relacionadas sobre todo como el fuerte endeudamiento de la Corona, sumida en continuas guerras, dando lugar a:
“Suspensiones definitivas de pago como las de 1575 y 1596, la primera pudo controlarse por poco tiempo, gracias a las reformas de 1578 y 1583".
En Octubre de 1594 se produce la crisis definitiva, unida a la ruptura comercial con Flandes y el traslado en 1606 de la Corte a Madrid, dando como resultado la quiebra de este sistema financiero y la crisis total. Teniendo una supervivencia maltrecha hasta el reinado de Felipe V (1700-1746).
Ya en la segunda mitad del Siglo XIX, propiciado por la llegada del ferrocarril 1860 surgen unas nuevas reuniones feriales, pero con un carácter comarcal-regional; ferias estas que se ven potenciadas con la creación del mercado semanal de ganados en 1870, al que se une el de grano y cereal en 1871. Al unísono van apareciendo la feria Mayor de San Antolín en 1873, con una duración en su inicio de 6 días y a partir de 1878 de 8 días como en la actualidad.
La Feria chica de San Antonio aparecerá en 1877.
Ferias todas ellas que dan un nuevo impulso a Medina convirtiéndola en uno de los principales centros de contratación de trigo y ganado (sobre todo el lanar), sin seguir la línea de los siglos XV y XVI.
Estas ferias han llegado hasta nuestros días siguiendo vigentes pero transformadas por el correr de los años.
Debido a la creación del mercado semanal del Domingo en 1870, se tiene como tradición en la Villa, la apertura de establecimientos y comercio en Domingo y el cierre todos los jueves del año.